Niño Dios para una devoción particular de Jerez de la Frontera. La escultura mide 35 cm de altura, más la peana de querubines que cuenta con 10 x 20 cm. Todo ello realizado en madera de cedro, con policromía al óleo y ojos de cristal en la figura de Jesús. La peana cuenta con partes doradas en oro fino y estofadas al huevo.

Encarna Hurtado conjuga nuevamente elementos de varios periodos pertenecientes a la imaginería barroca hispalense de los siglos XVII y XVIII para desarrollarlos bajo su prisma personal y ofrecer así una obra de especial encanto en la que el Infante Divino aparece desnudo, de pie y bendiciendo a los fieles.

Este pequeño rey es una creación muy propia del culto privado, tanto doméstico como conventual, que la artista utrerana desarrolla con gesto afable y actitud cercana. El Niño emana una dulzura envuelta en religiosidad, muy propia del pensamiento y la veneración que pueblos como el andaluz han heredado de la ideología barroca.

Muy expresivas son también los cabezas de los angelitos, ofreciendo uno de ellos el emotivo detalle de mostrarse compungido como símbolo de la Pasión. Dicho semblante sustituye, por tanto, a los más habituales instrumentos pasionistas, como la cruz o los clavos, que suele sujetar el Niño para preconizar así su futuro martirio.


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