Obra titulada "Niño Redentor" que representa, de forma irreal y apócrifa, a Jesucristo en su infancia. Fue realizado para una colección particular de Sevilla, en barro cocido (terracota) y policromado al óleo, sin ojos de cristal insertos en su mascarilla. Mide, aproximadamente, 50 cm de altura.

El Niño Jesús aparece de pie, bendiciendo con la diestra al tiempo que acoge al fiel con la izquierda, sobre cojín o escabel ricamente decorado como elemento de dignificación real heredado de la Edad Media. El cojín ha sido tallado en madera de cedro, dorado con oro fino y estofado al temple de huevo. Bajo el mismo se dispone una peana, también de madera, decorada con efectos marmoleados.

La imagen parte de una base renacentista clásica, conjugando la artista elementos montañesinos y otros del barroco sevillano más avanzado, aunque también se observan detalles propios de la estética napolitana del siglo XVIII. El resultado es una pieza ecléctica en la que prima el entrañable vínculo con la cultura popular.

Los rasgos faciales y anatómicos del Niño son los habituales en la infancia: ojos grandes y expresivos, dulce expresión, cabellos alborotados -de tonos oscuros, en este caso, dejando descubiertas gran parte de las orejas-, suave papada, vientre ligeramente abultado, y las típicas mollas y desproporciones de un cuerpo pueril todavía sin formar.

Las carnaciones son a pulimento, lo que le otorga una apariencia brillante. Carece de preseas y atributos, aunque el hecho de mostrar recogidos los dedos de la mano izquierda supone que la figura ha sido concebida para sujetar una cruz o banderola como emblema de victoria en clara alusión a su Resurrección futura.


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