Niño Dios de 50 cm de altura, labrado en madera de cedro policromada al óleo para una colección particular de Cádiz. La morfología infantil remite con variantes a los modelos mesinos del siglo XVII, imprimiendo sobre todo la escultora e imaginera utrerana sus rasgos personales en la dulzura del rostro y los cálidos acabados polícromos.

Encarna Hurtado lo representa de pie y totalmente desnudo, bendiciendo con la diestra mientras los dedos de la mano izquierda se cierran para sostener un atributo que posiblemente sea la cruz, bien para representar su futura crucifixión o el triunfo sobre la muerte a través del emblema principal de su martirio.

El pequeño Jesús abre los brazos en actitud redentora según los criterios iconográficos de la escuela sevillana, introducidos por Jerónimo Hernández en el Manierismo y popularizados por Martínez Montañés en el Barroco clásico. Los recursos expresivos de la artista ponen de manifiesto una revisión contemporánea de tan arraigada estética.


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