Esta Virgen Dolorosa de reducidas dimensiones (mide alrededor de 50 cm de altura) ha sido realizada para una colección particular de Utrera (Sevilla), localidad natal de la escultora. Es de terracota policromada al óleo, con lágrimas de cristal y pestañas superiores postizas, pero sin ojos vítreos por expreso deseo del cliente.

Podríamos hablar de una obra típica de la devoción privada, pensada para ser ricamente ataviada con telas y orfebrería por sus propietarios. El busto y las manos, labrados como hemos dicho en barro cocido (terracota), se montan sobre un maniquí de madera con base ovalada. Luego el conjunto se viste con nobles ropajes y preseas.

En este caso, la imagen, inspirada en la gracia elegante y vivaz de los modelos sevillanos del siglo XVIII, aparece vestida por su dueño con ropas bordadas por el taller de Jesús Migueles en oro sobre terciopelo negro. Su advocación es la de Nuestra Señora de la Antigua y Piedad y aparece con las manos cruzadas en oración.

En la línea de la tradicional Dolorosa procesional andaluza, presenta los rasgos propios de la autora: fina expresión de dolor, rasgos juveniles, ovalo facial redondeado, y boca entreabierta cuyo interior anatomizado constituye un nuevo alarde de virtuosismo de Encarnación Hurtado en estas piezas sin apenas espacio para desplegar recursos plásticos.


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