Conjunto de seis altorrelieves de pequeño formato que tiene como destino la Semana Santa de Almería, concretamente la decoración escultórica del paso del Regreso del Sepulcro que procesiona cada Viernes Santo en el cortejo de la Cofradía del Santísimo Sacramento y Nuestra Señora de los Dolores (La Soledad).

Los relieves se hallan tallados en madera de cedro, policromados al óleo, dorados en oro de fino -labor llevada a cabo por Francisco Infante- y estofados al temple de huevo. Representan los Dolores de la Virgen: la profecía de Simeón, la huida a Egipto, el Niño perdido y hallado en el templo, el encuentro con Jesús camino del Calvario o Calle de la Amargura, el Stabat Mater o Calvario, y la Piedad o Quinta Angustia de María.

La Profecía de Simeón plasma la Presentación del Niño Jesús en el templo por la Virgen y San José, en concreto el momento en que el anciano Simeón predice que una espada de dolor atravesará el alma de María. Completa el cuadro la profetisa Ana, situada detrás de los personajes principales.

La Huida a Egipto representa el final de un descanso en la escapada que María y José emprenden para evitar la llamada "matanza de los inocentes" ordenada por el rey Herodes. La Virgen acaba de amamantar al Hijo, que duerme placidamente. El ángel simboliza el aviso que hizo al santo en sueños uno de los enviados de Dios.

El Niño Perdido y Hallado en el Templo hace referencia a la angustiosa búsqueda de Jesús que, durante tres días, llevaron a cabo María y José en Jerusalén, encontrándolo al final en el templo entre los doctores. El relieve recoge el momento de la plática de Jesús ante los sabios, los cuales quedan embelesados por sus palabras.

En la Calle de la Amargura vemos la primera caída de Cristo llevando una cruz rectangular y minuciosamente decorada con motivos geométricos. Simón de Cirene obedece las órdenes de la soldadesca y se dispone a auxiliar al Nazareno, mientras la Madre Dolorosa, consolada en vano por San Juan, acude también a ayudar a su Hijo.

El clásico Calvario está formado por las figuras del Crucificado, ya muerto, flanqueado por su Madre y el Discípulo Amado. La Virgen, en actitud de enjugar el llanto con un pañuelo, ha presenciado la Crucifixión y muerte del Hijo. Sus ropajes, al igual que los del resto de las piezas, son de colores vivos y están ricamente ornamentados.

Por último, la Piedad o Quinta Angustia de María recrea el dramático momento en que, una vez descendido el cadáver de Cristo del modero, es colocado en brazos de su Madre. Acompañados por Santa María Magdalena, la Virgen y San Juan Evangelista sujetan el ensangrentado y macilento cuerpo sin vida de Jesús.

El séptimo dolor se halla escenificado en el propio misterio que desfila sobre las andas para las que han sido realizados los relieves. Representa el retorno del sepulcro una vez que se ha dado sepultura a Jesús. La comitiva fúnebre, formada por San Juan, Nicodemo y las Santas Mujeres, vuelve apesadumbrada del entierro, mientras José de Arimatea les conmina a apresurar el paso ante la llegada de un sanedrita y un soldado romano.

Las piezas de la artista utrerana, bendecidas el 17 de marzo de 2013, poseen encantadora resolución formal que sugiere profundidad, suaves y elegantes escorzos para crear sensación de espacio, y gráciles actitudes que han sido muy estudiadas para ambientar con acierto pasajes fuertemente sometidos al marco de cada cartela.


© Encarnación Hurtado Molina. Todos los Derechos Reservados.