Esta pequeña escultura, realizada expresamente para la exposición "Bécquer tan cerca... A través del arte", organizada en la sede de la Fundación Valentín de Madariaga (antiguo Pabellón de los Estados Unidos en la Exposición Iberoamericana de Sevilla del año 1929) y comisariada por el escultor hispalense Jesús Méndez Lastrucci, representa el momento crucial de "Los Ojos Verdes", una leyenda escrita en el año 1861 por el célebre poeta Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1936 - Madrid, 1870).

Dicha leyenda cuenta la obsesión del joven caballero Fernando de Argensola por una náyade que habitaba en la Fuente de los Álamos, un lugar mágico y ficticio que el famoso relato de Bécquer ubica en las Cuencas del Moncayo. Las náyades eran hermosas ninfas nacidas en la mitología griega que habitaban las aguas dulces (fuentes, manantiales, lagos, riachuelos, pozos, arroyos, etcétera) y solían ser muy vengativas con quienes osaban enturbiar sus corrientes, a los que arrastraban al fondo de la fuente para ahogarlos con artimañas, valiéndose del encanto de sus voces y de su cautivadora belleza.

La obra de Encarna Hurtado, modelada en terracota (30 x 52 x 40 cm), representa el instante en que la dama del lago se dispone a arrastrar al noble señor como castigo por haber traspasado sus fronteras. Al perfecto estudio anatómico de las desnudas figuras hay que unir su lograda expresividad; especialmente la del hombre, mezcla de hipnotismo y terror ante el conjuro de la náyade, definida por Bécquer como una beldad pálida como el alabastro y con dos brillantes esmeraldas a modo de ojos.


© Encarnación Hurtado Molina. Todos los Derechos Reservados.