Imagen del Beato Fray Leopoldo de Alpandeire para la Parroquia de San José de Utrera (Sevilla), tallada en madera de cedro y policromada al óleo. Es obra de pequeñas dimensiones (viene a medir unos 75 cm de altura), encargada por un grupo de devotas del venerado fraile capuchino.

Por expreso deseo de las donantes, Encarna Hurtado labra para su localidad natal un simulacro del beato de Alpandeire (Málaga) en actitud de pedir limosna para los más necesitados, poniéndose así de relieve la pobreza de tan entrañable religioso, amado y ya tenido santo por el pueblo, y su vida entregada a Dios y a los demás, así como su incesante actividad de limosnero que repartía todo lo que le daban

Ciertamente tenía Fray Leopoldo fama de gran bondad y de dar consejos breves, pues las personas que lo conocieron cuentan que era hombre reservado y de pocas palabras, al estilo de San Félix de Cantalicio. Es por ello que la artista no solo ha querido reflejar la caridad y la humildad como rasgos de su carácter, sino también la claridad mental y la perspicacia, lo cual se manifiesta a través de la expresión del rostro.

Gracias a los numerosos testimonios gráficos conservados de las últimas décadas de Fray Leopoldo, Encarna Hurtado retrata al beato en su ancianidad con suma fidelidad, con el pelo ralo y muy corto, blanco como la larga barba, vestido con el austero hábito capuchino, calzado con sandalias y llevando al hombro una talega donde guardaba los donativos. Su fisonomía recuerda la del Beato Diego José de Cádiz, inspirador de su dedicación a la vida religiosa.

Tras su beatificación en el año 2010 han aumentado las representaciones escultóricas de Fray Leopoldo, quien abandonó su pueblo a los 33 años para ingresar en la orden de los capuchinos. En 1899 vistió el hábito en Sevilla. Posteriormente se trasladó a Granada, donde residió hasta el final de sus días y se halla enterrado.


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