Imagen mariana modelada en terracota policromada, con una altura aproximada de 50 centímetros. La autora se inspira en la Virgen de las Maravillas, obra del célebre escultor e imaginero Benito de Hita y Castillo (1738) que recibía culto en el templo hispalense de San Juan de la Palma y fue destruida durante los disturbios de la Guerra Civil.

El original era un espléndido grupo escultórico venerado en la iglesia sevillana donde Hita fue enterrado al ser vecino de su collación. Fue encargado por la extinta Hermandad de las Maravillas para finalmente pasar a ser propiedad de la famosa Cofradía de la Amargura en el año 1904. Representaba con gran encanto a la Virgen sentada sobre una peña, con el pequeño Jesús sobre su regazo y San Juan Bautista ofreciéndole frutas al Divino Infante.

Inteligentemente, la autora introduce detalles de su propia cosecha para huir del servilismo que conllevan las meras copias. El semblante y la apostura de la Señora, en este caso, adquieren una solemnidad propia del renacimiento. Por otro lado, se prescinde de los atributos, así como de la media luna y la túnica del Niño, que aparece casi desnudo.


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