Niño Dios realizado por la artista utrerana Encarnación Hurtado Molina para una colección particular de Sevilla. Ha sido tallado en madera de cedro con escabel de nubes en barro cocido. La pieza mide, aproximadamente, 39 centímetros de altura sin la sobria peana rectangular sobre la que se asienta. Posee ojos de cristal y policromía en tonos sonrosados, aplicada mediante la técnica del óleo.

La pequeña imagen pertenece a la iconografía de Niño de Pasión o Niño Pasionario -preludio de su futuro martirio y muerte en la cruz- muy abundante en la devoción privada y en la conventual -en este último caso, especialmente en los conventos femeninos de clausura-, así como en las asociaciones o hermandades de carácter sacramental, dada la fuerte simbología eucarística que presenta esta representación infantil de Jesús.

A lo anterior hay que sumar la fuerte carga de emoción religiosa que desprenden estos simulacros, como podemos ver claramente en esta pieza, esculpida con gran sensibilidad por la autora utrerana, lo que también explica su éxito en la piedad popular. Juan Martínez Montañés en la escuela sevillana y el taller de la familia Mora en la granadina establecieron en Andalucía unos tipos que servirían de inspiración para las generaciones posteriores de imagineros.

La cruz, también de madera y no de orfebrería como suele ser usual en estas esculturas, la sujeta el Niño en su mano izquierda, mientras con la derecha bendice a los fieles, contemplándolos con expresión sumamente afable. La hermosura del rostro, las rollizas carnecitas y el delicioso detalle del querubín alado emergiendo de la nube para contemplar extasiado la divinidad del Salvador subrayan el candoroso cariz de la figura.


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