Estas dos piezas, pertenecientes al retablo de la Capilla del Nuevo Tanatorio de Leganés (Madrid), están realizadas siguiendo la técnica del altorrelieve, con algunas partes en bulto redondo. Su iconografía resulta muy apropiada para su destino, ya que representan el Bautismo y la Resurrección, alfa y omega del ciclo terrenal de la vida cristiana.

El relieve del Bautismo de Cristo presenta gran originalidad, ya que lo que realmente escenifica es el instante posterior al rito efectuado en el río Jordán, de ahí que Jesús, cuyo rostro parece inmerso en místico trance, se incorpore con la ayuda de un ángel mientras San Juan, aferrando aún la concha en su mano izquierda, se inclina sumiso ante la Majestad del Varón. En este caso, es el Bautista, con la cruz del sacrificio sostenida en su mano derecha, el que se sitúa por debajo, en un pasaje que, como sí suele ser habitual, queda presidido por el Espíritu Santo con forma de paloma.

Respecto al relieve de la Resurrección de Cristo, se integra en una representación sacra más clásica y cultivada. Jesús emerge triunfante y transfigurado del sepulcro ante la aterrorizada mirada de los soldados que lo custodian, incapaces de asimilar semejante prodigio. Sobre trono de nubes grises en forma de espirales, el Varón aparece poderoso y limpio, sin más señales del martirio que las llagas sufridas durante el tormento de la Crucifixión. La cruz, sujeta en este caso por la mano derecha del Redentor, no es sólo ya símbolo de sacrificio, sino también de victoria ante la muerte.

Ambas obras miden 60 x 50 cm. Presentan un dinamismo y una morfología que remiten a los modelos sevillanos de la segunda mitad del XVII, con Arce y Roldán como figuras capitales, si bien algunos detalles nos recuerdan también el estilo de Martínez Montañés. Son de madera de cedro, estofadas en oro fino y policromadas al temple al huevo.


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