Los Cuatro Evangelistas, de pequeño formato (30 cm de altura, aproximadamente), forman parte de la decoración escultórica del paso de misterio de la Cofradía del Cristo de la Resurrección y la Virgen del Triunfo de Granada. De hecho, procesionan ubicados en las capillas de los respiraderos.

La escultora aborda una de las iconografías más populares del arte cristiano. Los santos a los que se atribuye la redacción de los evangelios sinópticos, aparecen sedentes, sujetando la pluma y el libro en actitud de escribir el relato sagrado, y con los símbolos que los identifican: el águila (la agudeza) para San Juan, el león (la valentía) para San Marcos, un ángel (el alma cristiana) para San Mateo y un buey (el sacrificio) para San Lucas.

Las esculturas, de gestos expansivos en la mayoría de los casos, responden a las fórmulas más teatrales de la escultura barroca, y es tal la minuciosidad que la autora emplea en su modelado y los contrastes de claroscuro que ofrecen, muy favorecidos por las pesadas vestiduras, movidas a veces sin motivo aparente, que dan la impresión al espectador que no las contempla en directo de ostentar unas dimensiones mayores de las que realmente tienen.

Si bien la artista no renuncia a su gusto por las maneras de la escuela andaluza del Setecientos, visibles en los caprichosos peinados y en los motivos ornamentales de las ropas, se produce claramente una inclinación formal hacia moldes barrocos de mayor clasicismo. El rostro de San Juan, por ejemplo, casi reproduce los rasgos mesinos del Cristo de la Misericordia de Bergara (Gipuzkoa), heredados a su vez de la dramática estatua helenística del Laocoonte.

Las calidades de las claras carnaciones y el fino trabajo del dorado y estofado en oro contribuyen a realzar las virtudes de los Evangelistas granadinos, cuyos atributos, pese a lo reducido de su tamaño, presentan también un excelente acabado. Todo ello hace de estas miniaturas unas creaciones tan interesantes como exquisitas.


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