Hablamos de cuatro imágenes de pequeño formato (50 cm de altura) que irán situadas en el nuevo paso labrado por el tallista Antonio Ibáñez para la popular Cofradía de la Vera Cruz de la capital hispalense.

Realizadas en madera de cedro barnizada, representan al emperador Constantino, el papa Paulo III, San Francisco de Asís y Santa Elena. Todas ellas, como es habitual en este tipo de piezas de la escultora, están por encima de la mera ornamentación procesional, con un estudio escultórico muy conseguido, tanto en las proporciones anatómicas, como en el barroquismo de los escorzos y la elaborada densidad de los paños que las envuelven.

Constantino, legalizador del cristianismo, se halla representado como un invicto militar romano, imprimiendo la autora elementos de la escultura clásica romana a la figura, al igual que en el simulacro de Santa Elena, madre de Constantino, a la que se atribuye el hallazgo de la verdadera cruz donde murió Jesucristo, oculta, según la tradición católica y ortodoxa, bajo un templo pagano que la santa ordenó derribar.

Respecto a Paulo III, figura principal del Concilio de Trento y promotor de varias de las más importantes obras de arte de Miguel Ángel, aparece anciano y con las ropas propias de su rango, bendiciendo al pueblo con la diestra. Por su parte, el Santo Patriarca de Asís, vestido con el hábito de su orden religiosa, se presenta estigmatizado y meditando sobre la muerte, simbolizada por la calavera que sostiene en su mano izquierda.

Las cuatro pequeñas esculturas también tienen en común el hecho de figurar sedentes y portando la cruz, símbolo de la hermandad sevillana para la que han sido ejecutadas.


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