Se trata de unos angelitos que forman parte de la decoración escultórica del nuevo retablo-camarín de la Virgen del Carmen, titular de la parroquia del mismo nombre en el populoso barrio malagueño del Perchel, del cual la imagen mariana, obra de José Navas-Parejo Pérez (1938), ostenta también el patronazgo.

Las imágenes reproducen el modelo iconográfico que sobre el tema consagró la escuela sevillana del barroco. Son figuras dinámicas, concebidas para figurar flanqueando al icono mariano en su altar, llamando la atención al espectador sobre la presencia divina de María.

Se encuentran representados con sus pequeñas alas y un cinto que les sirve de paño de pureza, ambos elementos pintados en varios tonos y estofados en oro. El estudio anatómico, tan encomiable en esta clase de estatuillas desnudas, es notable; al igual que la policromía, rica en calidades y aplicada en tonos brillantes.


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